La inserción social y laboral: una oportunidad para el trabajo en red[1]

Daniel Jover Torregrosa

Equipo Promocions. Barcelona

 

 

 

Sumario

1. Presentación: la fuerza de las metáforas. –2  Importancia de la educación transformadora y de la coherencia como actitud en los proyectos de inserción. 2.1. El proceso de ser autónomo y protagonista. 2.2. Favorecer la conciencia, la organización y el poder. 2.3. Convertir las dificultades en posibilidades. –3. Las políticas de inserción no deben legitimar las nuevas desigualdades sino complementar y perfeccionar las políticas de integración. 3.1. Cambios en la familia y en la economía sumergida. –4. La polisemia en los significados de la inserción. 4.1. Ideas y criterios de Buenas Prácticas. –5. El sentido cooperativo e innovador del trabajo en red. 5.1. Estrategias de inserción participativas-regeneradoras versus asistenciales-reparadoras. 5.2. Características de los proyectos de inserción social que trabajan cooperativamente en red. 5.3. Conclusiones. –6. Referencias bibliográficas.

 

 

 

RESUMEN

Los cambios en la realidad social y laboral plantean nuevos retos a las políticas públicas de solidaridad y cohesión social presididas por el principio de inclusión, equidad y ciudadanía. Pensamos que la cooperación en forma de Red es la mejor forma de innovar los conceptos y metodologías de intervención a favor del empleo y la inserción socio-laboral de los colectivos con mayor riesgo de exclusión.

Para el equipo PROMOCIONS, trabajar en RED es una opción de calidad. Ofrece mayores garantías de combinar: eficacia, eficiencia y calidad integrando la pluralidad de agentes y situaciones de cada entorno restituyendo la inserción y el trabajo como un derecho constitucional.

 

 

 

ABSTRACT

The changes in the social and labour reality raise new changes to the public policies of solidarity and social cohesion presided by the principle of incorporation, equity and citizenship. We think that the work in the shape of NET is the best way of introducing the concepts and methodologies of intervention in favour of the employment and the social insertion into work of the groups with more risk of exclusion.

For the team PROMOCIONS, to work with NET means a quality option. It offers more guarantees to combine efficacy, efficiency and quality integrating the plurality of agents and situations of every environment returning the insertion and the work as constitutional Law.

 


«Si fuera objeto, sería objetivo, como soy sujeto, soy subjetivo.»

JOSÉ BERGAMÍN

 

 

«¿Quién levantó los olivos?»

«...No los levantó la nada, ni el dinero, ni el señor,

sino la tierra callada, el trabajo y el sudor.

Unidos al agua pura y a los planetas unidos,

Los tres dieron la hermosura de sus troncos retorcidos...»

(MIGUEL HERNÁNDEZ, del poema

«Andaluces de Jaén, aceituneros altivos»)

 

 

 

1.     PRESENTACIÓN: LA FUERZA DE LAS METÁFORAS

Empezar con estos versos tiene como propósito incorporar la fuerza de la metáfora y el simbolismo del olivo en la reflexión sobre la creación de redes. Entendemos que es la mejor fórmula para intervenir en el ámbito de la inserción social -como derecho de ciudadanía- para la plena integración en la sociedad y en el trabajo. Al igual que el olivo la red es fruto del esfuerzo, de la idea germinativa, de la energía, del trabajo que se invierte, de su adecuación al entorno, de su cultivo y clima propicio o adverso, etc. Tanto el olivo como la red son metáforas que expresan simbólicamente lo que queremos comunicar.

Red es una palabra afortunada por sus múltiples significados y connotaciones. Su polisemia y adaptabilidad a diversas situaciones la hace especialmente fecunda como noción versátil a una realidad compleja: la práctica contra la exclusión social y laboral.

Para los países mediterráneos donde el mar ha sido fuente de riqueza tenemos también la metáfora de las redes de pesca. Donde no llega un hilo con la caña de pescar, llega esta gran innovación que es la suma organizada de pequeñas y frágiles cuerdecillas para pescar. Red es el instrumento tradicional de los pescadores para poder recoger peces mediante un artilugio que une hilos y cabos sueltos mediante nudos que multiplica la fuerza en su conjunto.

En la sociedad de la información y las comunicaciones el concepto de red ha adquirido una relevancia enorme. Flujos de información circulan por esos canales interconectados. Sabemos que prevalecen las imágenes y la banalidad frente a las ideas y las reflexiones conceptuales. Por eso hay que ser cuidadosos con el lenguaje y las palabras que utilizamos. Debemos superar la ambivalencia asociada a la red:

Suma de esfuerzos, complementariedad, efecto multiplicador, descentralización, multipolar, etc., son connotaciones unidas. Para el equipo Promocions la palabra red no es una moda técnica. Es una opción de calidad y un modo de ser «honrados con la realidad» de desigualdad y exclusión social en la que nos desenvolvemos, porque nos permite intervenir en el conflicto con una concepción metodológica dialéctica e interactiva que se basa en el diálogo igualitario entre los diferentes agentes y operadores involucrados.

Nuestra experiencia cotidiana como Equipo Promocions en la gestión y desarrollo de programas de formación-empleo, inserción y promoción socio-económica nos hace estar en con tacto permanente con las diferentes realidades de la exclusión social, del desempleo y sus tipologías diversas. También con Administraciones públicas y organismos con los que colaboramos. De todo ello aprendemos permanentemente y nos posibilita expresar el sentido de responsabilidad social y ética de nuestra organización.

Con ello quiero resaltar que nuestra visión está enraizada en la acción-reflexión. Teorizamos la práctica y conceptualizamos a partir de los procesos vivos para el desarrollo social, para crear empleo y actividad. Por generar nuevas oportunidades de inserción. Por eso hemos tenido que ir innovando sistemas y metodologías adecuadas para dar soluciones integrales. Y este esfuerzo para dar respuestas a la exclusión socio-laboral requiere imaginación y solidaridad.

Implica elaborar conceptos y categorías de análisis que nos permitan conocer más y mejor el sentido de nuestra intervención para reinventar permanentemente nuestro quehacer. Para que la praxis de inserción social esté presidida por los principios de calidad y ética profesional como antídotos de los procesos de burocratización y banalización tan comunes.

A continuación exponemos algunas reflexiones para favorecer el trabajo en red y la innovación de las metodologías contra la exclusión social y laboral. Con ello pretendemos demostrar que es necesaria la visión integral y coherente para impulsar medidas de inserción social al servicio de un proyecto global de integración y cohesión social. Previamente realizaremos un análisis crítico de la realidad social y los cambios más importantes que inciden en las estrategias de intervención.

Una inquietud recorrerá este escrito:

¿Por qué es tan difícil llegar a acuerdos operativos y realizar en la práctica proyectos conjuntos de inserción, empleo y des-arrollo en red?

¿Por qué hay tantas resistencias al cambio cultural que supone este enfoque innovador?

¿Es misión imposible compartir responsabilidades-competencias en vez de competir?...

Nos aventuramos a sugerir tres tipos de explicaciones:

a)  Falta de deseo y conciencia.

b)  Incapacidad de organizarse y articular discursos contradictorios.

c)  Insuficiente poder de decisión compartido.

No dejemos que la complejidad nos bloquee. No tenemos derecho a la inhibición.

Para lograr este objetivo hay que empeñarse en conseguirlo, hay que proponérselo porque nos afecta a todos como ciudadanos/as, técnicos/as y políticos/as.

 

 

2.     IMPORTANCIA DE LA EDUCACIÓN TRANSFORMADORA Y DE LA COHERENCIA COMO ACTITUD EN LOS PROYECTOS DE INSERCIÓN               

Creemos que la mejor intervención social es aquella que incluye una perspectiva educadora. Porque a través de la educación y de la cultura llegamos siempre al centro de los problemas fundamentales de nuestras sociedades. Pero no nos referimos a la educación entendida como transmisión de conocimientos ni como factor de reproducción de las desigualdades culturales y sociales aunque preconice unos objetivos nobles. Nuestro concepto de educación tiene una larga tradición unida a los procesos de cambio social y liberación integral. Forma parte de los esfuerzos por humanizar el mundo y hacerlo más habitable y solidario. Que denuncia todo tipo de discriminación y desigualdad al mismo tiempo que anuncia otros modos de relacionarse, trabajar y convivir. Desde ese punto de vista la Educación tiene una naturaleza política y cultural porque se convierte en la llave para aproximarnos a muchos de los problemas que tienen planteados nuestras sociedades tan conmocionadas por el cambio de civilización del capitalismo informacional. Especialmente en el dilema: «Uniformización alienante-Autonomía y protagonismo». La historia de la educación crítica y la pedagogía liberadora nos enseña que el saber siempre aporta dignidad a la persona que aprende y la dignidad es una necesidad primaria. Por eso es tan importante que las acciones de inserción sirvan para que las personas con fracaso escolar y desigualdad cultural y educativa se puedan reconciliar con el conocimiento y el saber mediante modelos educativos que respeten su biografía y valoricen su «experiencia vital». Centrados en el eje didáctico propio de la «Pedagogía de la Alternancia» que expresamos así: «Menos currículum y más Vitae».

 

2.1.         El proceso de ser autónomo y protagonista

Esta concepción no considera la gente como objetos pasivos a las que conducir a los  objetivos de los técnicos como si no tuvieran historia o circunstancias vitales posibilitadoras de aprendizajes significativos. La tentación de burocratizar los procesos de atención, acogida y tutoría son muy altos en los servicios de inserción. Se tiende a infantilizar y considerar a los usuarios/as ciudadanos/as de segunda clase dependientes de las ayudas externas e incapaces de decidir por sí mismos. Como si estuvieran encerrados en una espiral de marginación sin retorno y etiquetados como irrecuperables para la sociedad normalizada, socialmente irrelevantes si no fuera por la peligrosidad que encierran.

Es necesario trabajar para que recuperen su derecho a decidir y a soñar un futuro diferente para sus vidas. Para ello es fundamental incorporar un enfoque crítico de educación de personas adultas que favorezca el descubrimiento de los aspectos culturales y políticos subyacentes en cualquier acción social y que se pretende escamotear. Esta dimensión educativa abre la oportunidad que la gente tome conciencia de sus condiciones de vida y trabajo y pueda acceder a procesos de autonomía y capacidad de decisión. En realidad la etimología de la palabra autonomía significa hacerse cargo de sí mismo, darse sus propias leyes. Esa autonomía implica un nivel de conciencia de lo que se es, una comprensión crítica de lo que hace. De este modo buscará ser original, creador y protagonista de su vida.

La autoorientación y la capacidad de analizar problemas, resolverlos y tomar decisiones adecuadas están íntimamente relacionadas con este objetivo común para la educación y la inserción social:

Desarrollo de la autonomía y responsabilizarse de su vida y sus circunstancias a partir de la fuerza de voluntad y el amor propio, motor de cualquier cambio.

 

2.2.         Favorecer la conciencia, la organización y el poder

Nuestra opción de inserción social con perspectiva educativa integra tres factores claves que son catalizadores del proceso de cambio hacia la autonomía y responsabilidad de las personas:

Conciencia, Organización y Poder son el trípode básico de las personas para construirse como sujetos históricos y protagonistas de su propia vida, íntimamente vinculadas al triple esfuerzo por liberar el deseo, la palabra y la acción. Esta experiencia de liberación es consustancial a todo proceso creativo en lo personal y colectivo. Veamos nuestras razones:

Conciencia, porque sin ella no hay voluntad ni motivación para tomar iniciativas. Es el conocimiento que tiene el espíritu humano de sí mismo. Es lo que posibilita encontrar razones para actuar. Es un descubrimiento progresivo que consolida las convicciones en los valores e ideales que te impulsan a querer dejar la condición de objeto y salir del fatalismo. La capacidad de producir sentido es básica para autoeducarse y autoorientarse. Responde a la fuerza del deseo y la pasión que se liberan por conquistar una vida digna.

Organización porque es la capacidad de disponer cómo ha de realizarse lo que se proponen. La habilidad de interrelacionarse y crear vínculos creadores con otras personas y grupos para canalizar intereses y objetivos. Medio e instrumento necesario para lograr metas. Modo de estructurar, articular y dar cauce a los deseos.

La dimensión colectiva de los problemas tan necesarios para evitar el aislamiento y el individualismo fatalista. Sin organización no es posible mediar ni incidir en la resolución de conflictos. La organización es la conciencia en acción de los miembros que la integran. Manifestación externa de la vida interna de un colectivo. En términos de Análisis Institucional diremos que es la expresión de la voluntad y la palabra en proceso constituyente.

Poder porque hace visible la capacidad de transformar hábitos, valores, culturas y también de cambiar cosas y circunstancias que antes parecían condena inexorable.

FOUCAULT, en sus trabajos sobre la microfísica y la arqueología del poder lo definía como «algo que se ejerce» sobre alguien.

Y existen tipos y formas variadas de Poder: la fuerza, el dinero, el conocimiento, la información, etc. Lo importante es explorar las potencialidades de todas las personas de construir poder y ejercerlo como afirmación de su existencia. Habrá que estar alerta a las formas patológicas o perversas de ese poder: maltratos, violencia, etc.

La pedagogía del éxito y de lograr pequeñas metas refuerza el sentido de lo que se hace constatando que vale la pena esforzarse por mejorar y avanzar juntos. La educación como proceso de cambio permanente es el mejor modo para la comprensión de los entornos complejos. El poder se expresa liberando la acción.

 

2.3.         Convertir las dificultades en posibilidades

Sin embargo esta dinámica sólo es transformadora y creativa si se enraíza en el valor del compromiso y la coherencia.

Paulo FREIRE, el gran impulsor de la pedagogía de la liberación, acuñó esta expresión para significar el impulso creador que tiene la práctica social a favor de la emancipación de colectivos desfavorecidos. Él nos alertaba acerca de la «Incoherencia», de la distancia sustantiva entre el decir y el hacer. Nos animaba a perseverar en el valor del ejemplo y compromiso ético.

No podemos dicotomizar el ser del quehacer. Las palabras y los hechos. Para que una persona se forme y cambie su actitud debe sentir la necesidad de hacerlo y para ello debe reconocer que la actividad propuesta le va a dar respuesta a su problemática concreta.

Que la acción de educar para saber trabajar debe ir vinculada al saber vivir. Toda formación profesional que se limite sólo a los aspectos técnicos es una formación «sin valor». Ésta debe integrar los problemas sociales, económicos y culturales asociados al ámbito laboral. Debe permitir a la persona asumir su condición de ciudadanía. Educar personas que sean trabajadoras y ciudadanas conscientes de su situación y contextos les permitirá también comprender su entorno para incidir en él.

Actualmente, en la Unión Europea, con el debate sobre aprendizaje a lo largo de la vida, se vuelve a advertir de los riesgos de amputar los aspectos culturales y políticos de las acciones de formación e inserción, tal como venían preconizando, desde hace treinta años, intelectuales comprometidos como Bertrand SCHWARTZ y Juan N. GARCÍA-NIETO, de quienes tanto hemos aprendido.

Ciertamente nos referimos a una concepción emancipadora y dialógica de la educación, no a las múltiples versiones domesticadoras o adaptativas tan en boga en los sistemas de empleo y formación y que se han transmitido a los programas de inserción y orientación socio-laboral.

Probablemente en el ámbito de la inserción y los servicios sociales es donde con mayor frecuencia encontramos la no correspondencia entre el «discurso teórico» -lo que debería ser- y las prácticas concretas -lo que hace.

Tales desviaciones entre lo programado y lo ejecutado han venido generando una consolidación del cinismo e hipocresía en los discursos, que a pesar de sus formas tecnicistas y falsamente neutrales en una supuesta búsqueda de eficacia proponen unos contenidos sesgados y adaptativos.

Todo ello contribuye a que las actitudes -tanto usuarios/as como los propios profesionales de los servicios sociales e inserción- suelen ser de desconfianza, escepticismo o fatalismo.

Algunas preguntas que nos podemos hacer:

¿Los programas de formación e inserción social y laboral contribuyen a mejorar la calidad del empleo y de la integración social? ¿Sirven para que los colectivos en riesgo de exclusión se incorporen a la sociedad con plenitud de derechos y deberes? ¿Es el empleo el único reto de nuestras sociedades desarrolla-das? ¿Vale cualquier solución para salir del desempleo aun a costa de la precarización laboral y la humillación social de las personas más vulnerables? ¿Cuándo dejaremos de confundir problemas prioritarios y problemas que no se han sabido tratar a tiempo, política de urgencia y ausencia de política?

No porque los problemas sean urgentes hay que tratarlos a la ligera y desatender a los otros, que acabarán siendo también prioritarios concentrándose en territorios y colectivos en forma de guetos.

 

 

3.     LAS POLÍTICAS DE INSERCIÓN NO DEBEN LEGITIMAR LAS NUEVAS DESIGUALDADES SINO COMPLEMENTAR Y PERFECCIONAR LAS POLÍTICAS DE INTEGRACIÓN

Las nuevas desigualdades provocadas por el capitalismo informacional se añaden a las viejas configurando nuevos perfiles de pobreza. También hace que surjan otros rostros de la exclusión social y laboral. El aumento de la segmentación laboral y la generalización de la eventualidad han sido uno de los efectos de la desregulación del mercado de trabajo. Es el lado oscuro de la «estrategia de flexibilidad» y «desprotección social» aplicada: se han agudizado los procesos por los que cada vez más hay sectores sociales muy vulnerables sin capacidad de seguir las dinámicas de más competitividad y más productividad. El desempleo y la precarización del trabajo son la manifestación más visible de la profunda transformación que está experimentando el modelo del empleo como factor hegemónico de integración, base del reconocimiento social y de los derechos a la protección contra la inseguridad y la desgracia.

Dos factores a tener en cuenta: Cambios en el papel social de la familia y las nuevas formas que adopta la economía sumergida, generalizando los trabajos irregulares y clandestinos consentidos y tolerados, retroalimentándose todo ello en un círculo vicioso blindado a cualquier acción bienintencionada.

 

3.1.         Cambios en la familia y en la economía sumergida

A todo ello se une la remodelación del papel social de la institución familiar como factor de protección al desamparo en un proceso de desmantelamiento de las políticas públicas propias del Estado de Bienestar, recayendo la tensión, los sacrificios y esfuerzos en las mujeres, que en los núcleos familiares cumplen funciones de cuidado y protección a los miembros con mayores dependencias, niños, mayores y enfermos, declinando los poderes públicos sus responsabilidades en esos ámbitos tan importantes para la salud, convivencia y calidad de vida. Los trabajos domésticos con los riesgos de nuevas servidumbres y los servicios a personas dependientes, unidos a los fenómenos de soledad y envejecimiento de la población, genera nuevos desafíos. Si se mercantilizan y caen en la esfera monetaria los servicios de proximidad negarán los valores de reciprocidad y ayuda mutua tan básicos en cualquier proceso de desarrollo comunitario. Y sabemos que el índice de salud moral y calidad de una sociedad está en la atención que presta a los más débiles: la infancia, los mayores, impedidos, gente sin hogar, etc. Desde todos los puntos de vista la familia en España está por debajo de los niveles de protección europeos y depende del grado de «heroísmo» individual salir adelante respecto a los hijos, vivienda, guarderías, compañía a mayores, trabajo...

No podemos obviar una realidad que incide directamente en el tema que nos ocupa. Se ha producido una nueva caracterización de lo que hasta ahora conocíamos como economía sumergida. La aplicación de medidas desregularizadoras y procesos masivos de externalización, descentralización y deslocalización productiva como métodos sofisticados de incrementar beneficios con la máxima flexibilización para reducción de costos ha agudizado los fenómenos de subcontratación y la proliferación de trabajos irregulares, sin relación laboral, ni cargas sociales ni fiscales. No es ajeno a ello la utilización abusiva de fuerza de trabajo en condiciones miserables. En efecto, la expansión de mano de obra inmigrante clandestina, sin reconocimiento legal, provoca un auténtico «ejército de reserva» para cubrir determinados puestos en sectores económicos intensivos en mano de obra. Si en períodos anteriores estas formas de economía sumergida eran transitorias y posibilitaban el ascenso social y promoción laboral accediendo a formas de trabajo regular y con mayores derechos sociales y sindicales, hoy día el fenómeno de explotación y domesticación de la mano de obra es muy elevado. La obsesión de abaratar costos ha llevado a cierta «institucionalización» y reconocimiento de la situación como un hecho consumado e «inevitable»... No hace falta recordar los dramas de determinadas zonas.

Esas condiciones de trabajo ínfimas, mal pagadas, sin derechos sociales ni colectivos son consentidas como un mal menor. Las contradicciones derivadas de las nuevas formas de «trabajo autónomo por cuenta ajena» que debe acatar condiciones y precios impuestos por los clientes-mercados cautivos, empuja a la subcontratación a la baja para ocultar procesos y favoreciendo, en consecuencia, ilegalidades, clandestinidad y modos que bordean el delito y la industria del crimen. Surge así una constelación diversa y poliforme de empresarialidad -no declarada- ligada a marginalidad que abre el abanico para adjetivar, las economías: sumergida, negra, clandestina, neoesclavista, blanqueadora, etc. En un ritual macabro donde la miseria llama a miseria y la vejación de derechos humanos es inadmisible.

Es necesario hacer un proceso de reflexión crítica para evaluar las consecuencias no buscadas o los efectos no deseados de determinadas políticas de inserción y su papel en la ampliación de la precarización laboral y la estrategia del «empleo por el empleo» favoreciendo -directa o indirectamente- las nuevas formas de economía sumergida.

Robert CASTEL en La metamorfosis de la cuestión social, plantea el tema de los «supernumerarios», colectivos y personas excedentes laborales y sociales: «inútiles para el mundo», que viven en él pero no le pertenecen realmente. Llega a hablar de estos supernumerarios como sectores que flotan en una especie de tierra de nadie social, no integrados y sin duda inintegrables en el sentido de integración, como pertenencia a una sociedad formada por un todo de elementos interdependientes. La irrelevancia en el plano económico y laboral también los descalifica en el plano cívico y político.

En este contexto habría que situar lo que él denomina el paso desde las políticas llevadas a cabo en nombre de la integración hasta las políticas conducidas en nombre de la inserción. Hay que evitar que éstas no supongan una devaluación de aquéllas. Ni que por atender colectivos específicos desde «sub-sistemas» se degrade los verdaderos «sistemas» generales de educación, salud, servicios sociales, empleo, vivienda, etc.

Si las políticas de integración buscan los grandes equilibrios y la homogeneización y cohesión de las sociedades a partir del centro, las de inserción obedecen a la lógica de discriminación positiva, se focalizan en poblaciones particulares y zonas singulares del espacio social, desplegando estrategias y metodologías específicas.

En definitiva, debemos incorporar el sentido autocrítico y analizar si determinados enfoques y medidas -bajo el nombre de inserción- son «parches» o medidas paliativas o sirven de algo para que el público más desfavorecido pueda acceder a un puesto de trabajo decente y un sitio digno en la sociedad. Necesitamos superar los enfoques funcionalistas y reduccionistas para ser interpelados por las nuevas demandas y las nuevas desigualdades. Necesitamos «desaprender» los marcos teóricos dominantes que nos han conformado en función de sus propios intereses, haciéndonos perder la visión global de la realidad, de nuestra propia misión como «profesionales de los servicios sociales y de la inserción», y con todo ello el sentido histórico y de proceso que se viene realizando en los últimos veinte años en este terreno.

Unos interrogantes que debemos hacernos colectivamente:

¿Nos conducen a dónde queríamos ir: evolucionar construyendo una sociedad con más y mejor empleo, justicia, equidad y cohesión social...?

¿O nos llevan al punto de partida, sociedad dual, con desequilibrios y desigualdades de todo tipo..., en una espiral absurda, que también expresaba BERGAMÍN con su aforismo: «lo que no se puede negar, se ningunea»?

Sabemos que la realidad es una, múltiple, compleja y contradictoria, pero una sola. Todas sus partes están interrelacionadas en una sola unidad dialéctica. Y en ese entorno el factor empleo-inserción actúa como un verdadero ecosistema social con un conjunto de elementos interdependientes y en equilibrio frágil. Cualquier alteración brusca del medio o de uno de esos aspectos cruzados provoca cambios y deterioros... a veces irreversibles, como bien conocemos desde los servicios sociales y de empleo.

Por eso es absurdo dicotomizar la dimensión económica y la social-cultural cuando hablamos de inserción. Trabajando en red tenemos mayores garantías de combinar eficacia-eficiencia y calidad, integrando la pluralidad de actores y situaciones de cada entorno. El trabajo en red permite abarcar todos los aspectos de la inserción entendida como ecosistema global.

 

 

4.     LA POLISEMIA EN LOS SIGNIFICADOS DE LA INSERCIÓN

Asistimos a una verdadera confusión en las terminologías que nos lleva a mezclar conceptos. Se tiende a instrumentalizar y vaciar de contenidos muchas de las propuestas inicialmente innovadoras. Existe una alteración de fines y medios, de tomar la parte por el todo y la metodología reducirla a las técnicas. Apenas hay unanimidad para coincidir en unos pocos temas esenciales de las políticas sociales y de empleo. La búsqueda de resultados aparentes hace que se primen requerimientos administrativos y burocráticos hasta el punto que ahogan el verdadero aliento innovador y de calidad que subyace en proyectos que fueron avanzados. Nuestra primera delimitación consiste en no «magnificar» determinados conceptos ni abrir un debate «nominalista».

La inserción social es un concepto mestizo hecho por aportaciones de diversos campos científicos. Ha realizado un proceso de hibridación integrando teorías y disciplinas complementarias que se fertilizan y producen frutos reales en la práctica. Sin embargo en la dinámica de consumo de palabras y términos también hay caducidad y perversión en los usos que acaban desnaturalizando todo. La cultura de la imagen introduce el hábito de «usar y tirar» de satisfacción inmediata... y la política social y de empleo no produce resultados «inmediáticos». Los conceptos de vida efímera son sustituidos por un baile de neologismos que impresionan en el instante pero no tocan lo esencial.

Toda esta reflexión tiene que ver con cierta «derrota cultural que se manifiesta en el lenguaje».

Nuestra opción metodológica se enmarca en la cultura del proyecto que innova en la acción, propone y diseña instrumentos para mejor dialogar y ser honrados con la realidad de pobreza y marginación.

Hay varios términos que remiten a un campo semántico con matices muy significativos:

·            Integración.

·            Inserción.

·            Incorporación.

·            Inclusión.

·           

La Unión Europea ha lanzado el Plan de inclusión social, que recoge los anteriores de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión... España ha elaborado su Plan Nacional también.

Ahora nos interesa centrarnos en las acciones y prácticas que se llevan a cabo. ¿Cuáles son las principales características, sus potencialidades y limitaciones?

 

4.1.         Ideas y criterios de buenas prácticas

a)     Hay que partir de una perspectiva global e integradora de la inserción social y profesional, con enfoque de género, sin dicotomizar los aspectos laborales de los socioculturales ni eludir la naturaleza política de la inserción.

No se pueden aislar las dimensiones que se interrelacionan en las personas subordinando los elementos que fundan la ciudadanía a la condición de producir. Es indisociable la inserción social, personal, cultural de la incorporación profesional. Cuando abordamos a colectivos con dificultades especiales con metodologías de Itinerarios Personalizados de Inserción es necesario utilizar estrategias diversas, flexibles e innovadoras para abarcar las familias, los barrios y entornos donde habitan, las empresas y mercados de trabajo. La Comisión Europea cuando plantea realizar una Estrategia común contra la pobreza y la exclusión social propone la realización de Planes nacionales sobre la inclusión social. Cualquier diagnóstico en esta materia describe la exclusión social con sus cuatro componentes:

·            Estructural.

·            Dinámica.

·            Multifactorial y multidimensional.

·            Estratégica.

Plantean la conexión entre los diferentes ámbitos de la exclusión, cuales son: pobreza, dificultad de integración laboral, problemas en el acceso a la educación, ausencia de vivienda digna, carencia de salud o asistencia sanitaria, ausencia de apoyos familiares, marginación social, dificultad en el acceso a la justicia, en tanto que factores causales. También describe los colectivos o grupos de personas sobre los que esos factores actúan de forma más intensa: niños, jóvenes, personas mayores, personas sin hogar, minorías étnicas, ex reclusos, etc.

Para ello es fundamental el trabajo de coordinación entre instituciones y organismos públicos con competencias complementarias para impulsar programas interrelacionados e integrales que favorezcan la perspectiva global.

Sabemos que la esfera de la vida, las relaciones y los vínculos sociales; los afectos, las emociones y sentimientos de amistad, pertenencia, de sentirse querido los valores de reciprocidad, ayuda mutua y generosidad, son más importantes que el dinero y el éxito profesional. También sabemos que el paro no es el único ni el principal problema de nuestras sociedades. Si así fuera cualquier tipo de trabajo, aunque fuera en precario, eventual, sin condiciones, mal retribuido, explotados, etc., sería una solución. La ideología del «empleo por el empleo», a costa de lo que sea, está dando sus resultados: frente al paro masivo, mejor la precariedad generalizada. Y con ello la subcultura del miedo a la inseguridad, que son el caldo de cultivo de sentimientos de intolerancia, racismos y xenofobia. Cala el mensaje: los otros percibidos como amenaza.

¿Hasta qué punto no se está utilizando abusivamente del temor frente al paro y las crisis del empleo para desintegrar los modelos laborales y los paradigmas de protección social asociados a ellos para generalizar subempleo y eventualidad como algo natural y necesario...?

Sin ningún género de duda: al plantear como inevitable un modelo de desarrollo económico que niega de hecho la equidad social, el fantasma del «darwinismo» socio-laboral estimula unas relaciones cada vez más deshumanizadas que impiden experiencias básicas para la convivencia como son la ternura, la compasión o la alteridad.

b)    Las acciones de formación y orientación integradas en los itinerarios personalizados deben estar vinculadas con las realidades del entorno económico y comunitario, así como con las necesidades del mercado de trabajo realmente existente. Pero sin una perspectiva de transformación social y cambio por otros valores éticos y culturales... no tienen sentido.

En los programas de formación, orientación e inserción generalmente se omite la dimensión ética y solidaria y se soslaya el contexto histórico y social. Un falso pragmatismo de carácter tecnicista invade los métodos y eclipsa las ideas de cambio integral o progreso global de las personas que siempre somos seres históricos y relacionales. La falsa concepción natural del orden de las cosas en el funcionamiento del mercado de trabajo y la economía provoca graves errores de percepción que aboca al fatalismo.

Podemos observar cómo en toda Europa, y especialmente en España, el paradigma de la flexibilidad y la precariedad ha ido asociada a la inexorable necesidad impuesta por la sacrosanta «competitividad» del mercado. La diversidad extrema de situaciones profesionales y la discontinuidad de las formas de empleo están reemplazando al paradigma del empleo estable y homogéneo. Y lo que es más importante, están alterando las culturas y valores relacionados con la ética del trabajo: espíritu de sacrificio, constancia, gusto por el trabajo bien hecho, ahorro, autoorganización y apoyo mutuo, etc. Generadas por las clases trabajadoras a lo largo de su historia.

El clima social de «imprevisibilidad» y falta de referentes morales colectivos y solidarios aboca a muchos sectores sociales a vivir el presente con la sensación de que no vale la pena esforzarse por un futuro mejor. Se justifica la salida individual como la única opción posible. Como si la sociedad sólo pudiera progresar pagando el precio de la fractura social y del déficit permanente de fraternidad y humanidad. Se intenta hacer creer que lo mejor es trabajar a salto de mata, sin posibilidad de realizar proyectos ni biografías profesionales. Vivir al día. Pero esa estrategia provoca un profundo malestar y angustia colectiva. Consolida una espiral de egoísmo deshumanizante infernal que anula la posibilidad de una cultura solidaria. Se fomenta otra basada en el consumismo impulsivo e individualista, con personalidades psicológicas fragmentadas. Donde la convivencia se convierte en un laberinto de espejos con trastornos del yo e impotencia de reconocer y sentir al otro como diferente, frustraciones, depresiones y malestar nervioso de tipo diverso...

Donde todo se cosifica porque predomina una tendencia a convertir los derechos en mercancías que se compran y venden. Donde los valores humanos que dan fundamento a nuestra civilización en torno a las democracias con ideales de Libertad, Igualdad y Fraternidad quedan disueltos. Se vive el futuro como amenaza, no como proyecto ni sueño por el que vale la pena esforzarse.

En estas circunstancias da la impresión de que los horizontes se han reducido. Con la experiencia de los Pactos territoriales por el empleo o los Planes estratégicos de desarrollo social parece ser que lograr unos mínimos pactos convivenciales y laborales ya es mucho. Construir una sociedad decente parece que sea el gran desafío ya que el actual sistema económico no cumple lo que promete: no se consolida la prosperidad equitativamente ni se generaliza el Estado del Bienestar ni tampoco es visible para todos una sociedad justa basada en la plena realización de los derechos humanos y la solidaridad. Es triste llegar a creer que el único consuelo factible sea esforzarse al menos por construir, como define Avishai MARGALIT: «una sociedad decente, que es aquella cuyas instituciones no humillan a las personas».

¿Dónde quedan todas las aspiraciones e ideales de sustantividad democrática y universalización de los derechos humanos, sociales y cívicos para todos y todas?

¿Sólo la salida individual al éxito, aspiración a una felicidad narcisista de satisfacción inmediata, que es exaltada constantemente por la ideología del consumo y la moral postmoderna?

c)     Los programas de orientación, formación e inserción socio-laboral deben vincularse con el tejido socioeconómico del territorio e implicar a las empresas para integrar en su lógica sentido de la responsabilidad social y ética.

En este debate también participan las empresas y organizaciones. La Comisión Europea y la Cumbre de Niza han lanzado un impulso sobre esta materia a través del libro verde Fomentar un marco europeo para la responsabilidad social de las empresas. Surge de la evolución del discurso sobre la calidad total y la ética de las organizaciones que se apoya en el principio de que la calidad de las personas y sus relaciones son la base de todas las otras calidades. La calidad humana, social, ecológica favorecen la calidad y eficiencia económica.

Más que ser proveedores de mano de obra «barata y cualificada» motivadas a aceptar las condiciones precarias que impone el mercado, los servicios públicos de empleo y desarrollo local deberían incorporar un enfoque más culturizador y pedagógico acerca de cómo «modernizar sin excluir» en la línea del pensamiento de Bertrand SCHWARTZ. No se puede seguir con las inercias que el único criterio de éxito de un programa formativo sea un «contacto-contrato» laboral. Las empresas son también «organizaciones que aprenden» y cumplen una función social de primer orden. La mayoría de definiciones de responsabilidad social de las empresas entienden este concepto como la integración voluntaria, por parte de las empresas, de las preocupaciones sociales y ambientales en sus operaciones comerciales y en sus relaciones con interlocutores, ya sean consumidores, proveedores, trabajadores, etc. Lógicamente este tema es expresión de la preocupación de los consumidores y trabajadores interpelados como ciudadanos por la calidad y ética y su impacto en la globalización de la economía y los derechos. Nace de la demanda de los/as consumidores y ciudadanos/as de saber cómo se hacen las cosas dentro de las empresas y que se replantean la relación con la sociedad y la necesidad de justificar ante sus consumidores un comportamiento socialmente responsable. Los consumidores y la opinión pública no sólo quieren productos buenos y seguros sino también la seguridad de que se producen de manera responsable y bajo unos principios éticos. Se habla incluso de las «etiquetas» sociales y ecológicas para certificar ese nivel de calidad humana y social superior.

d)    Integrar a los colectivos y personas con mayores dificultades económicas, educativas y sociales, sin ningún tipo de paternalismo o estigmatización social, en proyectos integrales desde estructuras y servicios sólidos y solventes.

Es muy común al hablar con profesionales y responsables políticos e institucionales del sector (Orientadores, Agentes de Desarrollo local, Formadores y agentes de inserción, etc.) detectar una sensación difusa de inseguridad e inquietud respecto a la situación del desarrollo, la poca eficacia e ineficiencias en la gestión y organización de los programas de empleo-formación. Una preocupación que es expresión del malestar profundo respecto a los desajustes, «lo que se debería hacer, lo que podemos hacer, lo que en realidad estamos haciendo y la constatación de resultados verdaderamente significativos».

La mayor parte de estudios y evaluaciones sobre el estado de la situación concluyen que la falta de acuerdos para planificar y coordinar los programas y recursos aboca a una provisionalidad e inestabilidad continua.

Estamos asistiendo a la «banalización» de los programas y proyectos en el que lo de menos es «pensar si es útil o sirve para algo» y lo de más es demostrar la capacidad de captar y gestionar recursos bajo la lógica del activismo y las urgencias.

Si los requisitos o prioridades marcan que los colectivos especialmente desfavorecidos y los territorios en declive obtendrán más ayudas económicas, pues hay más abundancia de acciones aunque no se cumplan los objetivos que los justifican ni realicen las aspiraciones que prometen. Esto ha provocado una sensación de fracaso o futilidad acerca de la frecuente instrumentalización de las políticas activas de empleo y formación.

Puede existir la impresión de que no resuelve problemas de verdad sino que distribuye recursos y sirve a fines de domesticación, amortiguador y control social.

Veamos algunas de estas carencias e insuficiencias:

a)                  Una absurda confusión con los servicios que deberían ser garantizados por los poderes públicos por ser necesarios y financiados por presupuestos ordinarios y estables y diferenciarlos de los «proyectos» que tienen una lógica coyuntural y temporal de carácter demostrativo y experimental.

b)                 Como esta Planificación y Visión general no se da -realmente- ni tampoco la necesaria ordenación y racionalización de recursos, medidas, programas, acciones y decisiones, pues han proliferado tal cantidad de proyectos y servicios en estos temas que constituye un desafío al sentido común y a la lógica.

c)                  Acciones fragmentadas con criterios contradictorios y enfoques divergentes acentúan la inseguridad y sensación de desorientación y perplejidad tan común entre ADL, profesionales de la orientación e inserción.

d)                 La falta de integración y conexión entre recursos y medidas aboca que cada servicio vaya a la búsqueda desesperada de financiación y subvenciones que deben sostener todas las estructuras no directamente formativas.

e)                  Todavía hay graves déficits de financiación y coordinación en los servicios de empleo e inserción. Y lo que es peor, la fatal contradicción que con financiación discontinua no se pueden mantener estructuras continuas.

f)                   Esto provoca períodos de vacíos, de desmantelamiento de equipos y rotación de personal que no supera la temporalidad. La vida de los equipos y profesionales apenas supera el año con lo cual se generan rivalidades, competencias y deterioros de los climas de trabajo. El personal técnico de estos ámbitos siempre está a la expectativa de otra opción mejor u otro cargo diferente ya que su «suerte laboral» va unida a la obtención o no de subvención para mantener esos servicios. Y la fatídica noche de S. Silvestre -31 de diciembre- es el límite para muchas contrataciones ligadas al final de ejercicio presupuestario. Con lo que la impresión de «gigantes con pies de barro» es verídica en muchos casos.

e)     Que los programas de inserción respondan a criterios de planificación-coordinación y sean fruto del diálogo social y consenso entre todos los agentes involucrados del territorio y con presencia activa de las entidades del Tercer Sector para garantizar continuidad y calidad del capital social.

Constatamos los riesgos que por paliar el desempleo y la exclusión se refuerza la estrategia de precarización y segmentación laboral. Por favorecer el acceso al mercado de trabajo se incide -obsesivamente- en mejorar la preparación, formación y el posicionamiento de los recursos humanos, desistiendo en la regulación del mismo y obviando la aplicación de la legislación. Los profesionales de los servicios sociales y de las políticas activas de empleo podemos convenir que lo que necesitamos para nuestros usuarios/as no son empleos basura, ni trabajos precarios, en condiciones deshumanizantes. Lo central es hacer posible lo deseable: el derecho a la felicidad y a una vida digna. Y ese horizonte se alcanza con actividades socialmente útiles y ecológicamente sostenibles que nos proporcione recursos suficientes en el marco de una economía social, solidaria y plural. El corazón del debate no es cómo producir más sino cómo redistribuir mejor. Con «otros» indicadores para medir la «riqueza». No sólo los discursos ceñidos a las posibilidades de liberación «en» el trabajo, sino la liberación «del» trabajo como algo servil, alienante y mercantil. Para convertirlo en fuente de realización personal, aportación a la colectividad y productor de sentido y vínculos sociales. Sabemos que el «capital social» es conjunto de valores y expectativas de una comunidad determinada. Es una condición previa para la cooperación y organización de actividades humanas, incluida la empresarial. Se transforma, consume o se repone, como el capital financiero.

La inserción de las personas con más dificultades es uno de esos temas que provocan polémica. Especialmente por la mala aplicación y las deficiencias tanto de enfoque como de gestión y organización. Las normas y los programas a veces no tienen culpa del mal uso que de ellos se hace. Pero quedan desacreditados aunque su planteamiento sea acertado: ahí tenemos el ejemplo de la Formación Profesional Ocupacional, de los Programas de Garantía Social, de las Escuelas-Taller, los SIPES, Centros de Educación de Personas Adultas, etc.

No sería justo generalizar porque existen muchas iniciativas y programas excelentemente gestionados y correctamente ejecutados que cumplen sus finalidades. Pero podemos encontrar de todo, como en botica. ¿Es, por ello, un concepto en cuestión?

f)      Necesidad de compromiso profesional y humano.

El título de esta reflexión, inserción social: una oportunidad para el trabajo en red, ya es una declaración de principios. Independientemente de los términos hay que analizar el proyecto que subyace y el planteamiento a que responde.

Con ella se expresa el deseo de impulsar un modo colaborativo y cooperativo de enfocar la intervención social que no dicotomiza la vida del trabajo. Cualquier acción de inserción debe empezar por la justificación y la determinación de los problemas que pretende abordar para ver si es posible llevarse a cabo en coherencia con los recursos, medios y marcos de actuación implicados.

Sabemos que tanto las redes familiares y sociales como la cultura laboral de procedencia de las personas condicionan en gran parte tanto los rasgos del desempleo y empleo al que pueden tener acceso como las actitudes y aptitudes frente al mismo.

El trabajo en red nos puede permitir reinventar nuestras maneras de relacionarnos con los otros agentes e innovar metodologías dialécticas que resuelvan los problemas porque van al corazón del asunto y no se quedan en la epidermis del mismo. No es cuestión de opciones o modas técnicas sino de asumir un nuevo compromiso profesional y humano que incorpora el sentido de la responsabilidad social y la ética como algo sustantivo en nuestro quehacer y práctica profesional. Esta perspectiva busca integrar la «misión» con la visión global y los instrumentos de intervención del modo más coherente posible.

También sabemos que un trabajo decente puede ayudar a una vida digna y a partir de ahí desarrollarse como personas integrándose en procesos sociales y comunitarios más amplios. Por eso es tan necesario contribuir a que el «derecho del trabajo» y las condiciones de salud, seguridad, formación y promoción profesional puedan ser reales.

Porque de lo contrario lo que es evidente es que las situaciones de pobreza y marginación, la extensión de la precariedad, las formas diversas de economía sumergida y los trabajos inestables, discontinuos y descualificantes no contribuyen, precisamente, a una buena calidad de vida.

Es necesario aplicar el sano principio derivado de la deontología y ética profesional para añadir «valor» alma y convicción a la acción.

 

 

5.     EL SENTIDO COOPERATIVO E INNOVADOR DEL TRABAJO EN RED

La sociedad de la Información y de la Globalización ha alterado los roles tradicionales y ha generado cambios tan profundos en los modos de conocer, trabajar, relacionarnos y vivir que el riesgo y la incertidumbre es casi lo único seguro que tenemos. También, por supuesto, la capacidad de resistir a las formas más crueles e injustas de esa mundialización y la capacidad de soñar.

Porque si al desarrollo tecnológico hay que dotarlo de contenido y proyecto cultural también al desarrollo de las políticas sociales y de empleo hay que incorporar rumbo y corazón.

¿A quién compete afrontar los desafíos de la desigualdad en el mercado de trabajo y en la sociedad?

Si los profesionales de los servicios sociales pudieran luchar solos contra la desigualdad y la exclusión social y lo lograran no tendrían necesidad de nadie.

Es como si los profesionales de la enseñanza se bastaran para la educación o los profesionales de la sanidad se jactaran de que la salud es cuestión exclusiva de ellos.

En el campo de la vivienda, sí que parece que sea campo exclusivo de promotores, constructores e inmobiliarios..., con lo cual el precio de la vivienda contribuye a la «burbuja» financiera-especulativa más osada.

Pero esos objetivos son comunes para Instituciones, agentes y entidades diversas. Se requiere el espíritu colaborativo para superar las divisiones/descoordinaciones entre instituciones y organizaciones «compartimentadas».

 

5.1.         Estrategias de inserción participativas-regeneradoras «versus» asistenciales-reparadoras

Todavía coexisten estrategias diversas y contradictorias en los mismos territorios amparadas por las mismas Administraciones. Nuestro compañero y amigo José María RUEDA analizaba tres paradigmas referenciales:

1.     Las estrategias asistenciales: Establecen que la resolución de los problemas es una cuestión de recursos, sobre todo recursos gestionados por ellos. Se ofertan prestaciones y servicios de empleo-formación que a veces no se llegan a cubrir.

Tienden a considerar que la población objeto de su acción son meros consumidores pasivos. El comporta-miento técnico está preocupado por encontrar la respuesta adecuada que se da en forma de recursos necesarios. Se considera que su misión se centra en establecer los recursos idóneos frente a las demandas y sus necesidades. El profesional acaba por convertirse en un experto en valorar necesidades y determinar respuestas estándar. Frecuentemente se cronifica la dependencia.

2.     Las estrategias técnicas reparadoras están más preocupadas por la incapacidad «supuesta o manifiesta» de los usuarios para hacer uso de sus habilidades y producir respuestas propias. Los técnicos se prestan a devolver y reparar esa capacidad al usuario. Detectan siempre carencias de formación, autoestima-motivación, etc. El profesional con esta estrategia pretende curar el síntoma y reparar las disfuncionalidades.

3.     Encontramos otra estrategia participativa-regeneradora, en la que el comportamiento técnico se preocupa del estado real de la autonomía y capacidad de decisión que tiene el usuario cuando establece relación con el servicio. El técnico actúa como mediador y facilitador de las decisiones del usuario que descubre y desarrolla sus propias capacidades.

Estas estrategias impulsan procesos de cambio capaces de crear nueva conciencia, voluntad y actitudes para que determinada población pueda instaurar procesos críticos de interrelación y diálogo igualitario para superar los procesos adaptativos problematizadores o marginadores. Estas estrategias restituyen el protagonismo de las personas implicadas, siendo posible desarrollar la capacidad colectiva para resolver los problemas que afectan a un colectivo. Es importante advertir que es una capacidad colectiva y no la simple suma de capacidades individuales. Es la verdadera síntesis -conciencia, poder y organización- ante problemas comunes. De este modo son regeneradoras de condiciones y motivaciones para ganar calidad de vida y salir de la soledad adquiriendo más conocimiento de su potencialidad como individuo y colectividad.

 

5.2.         Características de los proyectos de inserción social que trabajan cooperativamente en red

Trabajando en red desde la colaboración leal y el espíritu de cooperación complementaria tenemos mayores garantías de combinar eficacia-eficiencia y calidad, integrando la pluralidad de actores y situaciones de cada entorno.

Elementos a tener en cuenta:

1)    Abordamos la problemática del paro y exclusión social con todos sus factores transversales.

2)    Se requiere un enfoque interdisciplinar y multiprofesional.

3)    Intervienen una pluralidad de agentes y actores.

4)    Hay una exigencia de descentralización en los procesos de toma de decisión.

5)    Posibilita añadir valor y creatividad donde no alcanzan los recursos.

6)    La práctica que se piensa cooperativamente incrementa el sentido crítico y hace emerger nuevos paradigmas.

7)    Es un ejemplo de madurez democrática y sostenibilidad de las políticas sociales y de inserción.

Es un sistema versátil de trabajar ya que se desarrollan las acciones en territorios y entornos diversos con prácticas profesionales y culturas políticas heterogéneas comprometidos por una finalidad superior de interés general: la lucha contra la exclusión y las desigualdades.

Las experiencias que se trabajan en forma de red tienen una vocación de ser iniciativas piloto por su capacidad de movilizar recursos e innovar metodologías a nivel europeo. Generan esa amplia relación de Buenas Prácticas y ejemplos demostrativos de otros modos de trabajar a nivel europeo, consolidándose redes de intercambio y transferibilidad de las lecciones aprendidas y fracasos.

Por todo ello la necesidad de construir redes de cooperación e intercambio que nos permitan llegar y avanzar juntos donde solos, aislados, no podríamos.

 

5.3.         Conclusiones

En red

1)    Aprendemos a complementar nuestros saberes y conocimientos.

2)    Desarrollamos capacidad de diálogo y búsqueda de acuerdos buscando las coincidencias y perspectivas que nos igualan.

3)    Fijamos objetivos comunes que nos permiten producir sentido y dar significado a nuestro quehacer.

4)    Toda iniciativa tiene mayor resonancia y efecto multiplicador al hacer visible y transferible la acción.

5)    Es un proceso de aprendizaje del respeto a las diferencias y de las responsabilidades compartidas.

Finalizamos citando un pensamiento especialmente interpelante de uno de los últimos escritos de nuestro compañero y amigo José María RUEDA, titulado Remover los obstáculos que impiden los derechos sociales:

«Remover los obstáculos que impiden los derechos sociales es un mandato constitucional (...) los obstáculos van de lo más externo a lo más interno, tanto de las personas como de los colectivos, graduando tanto la acción del profesional como el papel que ha de desarrollar el ciudadano (...) Cuanto más interno, más es el protagonismo del ciudadano y más complementario se vuelve el papel del profesional.» (Revista de Trabajo Social, n.° 142.)

 

 

6.     REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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BILBAO, Andrés: El empleo precario. Madrid: Ed. Libros de la Catarata, 1999.

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Equipo PROMOCIONS (E. FRAGO, D. JOVER, V. LÓPEZ, F. MÁRQUEZ, G. MORA: El Empleo de los Inempleables. Ed Popular, 1997.

- Trabajar para Vivir una propuesta innovadora de inserción socio-laboral. Ed. Miraguano, 1999.

FREIRE, Paulo: «La naturaleza política de la educación». Ed. Paidós, 1993. Pedagogía de la Esperanza, Ed. Siglo XXI, 1995.

GARCÍA-NIETO PARIS, Juan N.: Por un proyecto de sociedad en clave de utopía. SM, 1988. La Sociedad del Desempleo -por un trabajo diferente. Barcelona: Ed. CCJ, 1989.

GORZ, André: Miserias del presente, riquezas de lo posible. Ed. Paidós, 1998.

MARGALIT, Avishai: La Sociedad Decente. Ed. Paidós, 1999.

NAVARRO, Vicente: Neoliberalismo y Estado de Bienestar. Barcelona: Ariel, 1997. Bienestar Insuficiente, Democracia Incompleta. Ed. Anagrama, 2002.

NÚÑEZ, Carlos: La Revolución Ética. Ed. L’Ullal-Diálogos, 2001.

RUEDA PALENZUELA, José María: Comunidad, participación y Bienestar Social. Libro-Homenaje a José María Rueda. Ed. Diputación de Barcelona, Área de Servicios Sociales, 1998.

PASSET, René: La Ilusión Neo-liberal. Ed. Debate, 2000.

SCHWARTZ, Bertrand: «Moderniser sans exclure». Ed. La Découverte, 1994. París. «Hacia otra Escuela», Ed Narcea, 1986. «La Inserción Social y profesional de jóvenes». Revista Estudios de Juventud, n.° 13, Instituto de la Juventud, 1985.

ZUBERO, Imanol: El Derecho a Vivir con dignidad. Del pleno empleo al empleo pleno. Ed. HOAC, 2000.



[1] Artículo aparecido enla revista Documentación Social nº 129. Octubre-Diciembre 2002. Cáritas Española Editores. Págs. 57-91.